lunes, 13 de noviembre de 2017

ENTREVISTA A XAVIER JORDÁN


Xavier Jordán Arandia, un comunicador social y escritor cochabambino apasionado por las temáticas culturales, aceptó brindarnos esta entrevista para así poder entender, desde una mirada un poco más teórica, el fenómeno que se está estudiando en este blog. A continuación sus declaraciones.

 P: ¿De qué manera las colectividades suelen conformar su identidad?


R: Nunca hay rasgos definitivos que puedan identificar a una colectividad en su conjunto, la cultura como proceso es algo que siempre está cambiando y evolucionando, depende mucho de la percepción de las personas; sin embargo, podemos decir que existen elementos que tienen que ver con las prácticas culturales que son comunes a una gran mayoría de los cochabambinos, y entre ellos está su entrega casi hambrienta por la comida. Existe, no solamente, un imaginario colectivo en el resto del país de que en Cochabamba se come harto y se come rico, sino que además de eso, hay evidentemente una oferta y demanda de comida enorme. Éstas no sólo tienen que ver con lo económico, tienen que ver con una serie de conductas y comportamientos que son interesantes de analizar. Por ejemplo, hay dos cosas; Cochabamba tiene una abundancia gastronómica y tiene una abundancia en cuanto a las prácticas de comida por dos razones fundamentales: una razón histórica que abarca a todas las sociedades pobres; cuando tú compensas esa pobreza con la noción de abundancia eso está cumpliendo en ti una especie de capital simbólico. Hay que entender que el pueblo boliviano como tal tiene una historia del hambre muy trascendente, la gente de la cultura popular vive constantemente en hambre; entonces cuando nosotros vemos los platos que se sirven, la abundancia de la comida en Cochabamba es una manera simbólica de compensar esas falencias que se tienen en la vida cotidiana. Eso, en el interior del país; pasa en momentos claves como fiestas patronales o en el carnaval, que es conocido a nivel mundial como la fiesta donde la escasez se compensa con este carácter simbólico de la abundancia; pero en Cochabamba esa compensación es cotidiana. De alguna manera, ésta noción de compensación de la abundancia se la tiene que relacionar con el carácter eminentemente agrario que tiene la ciudad, pero la sociedad agraria cochabambina se ha centrado, más que en el carácter mismo del trabajo, en la idea del ¨comunis¨, es decir, del compartir. Entonces, durante todo el periodo colonial y la primera parte del periodo republicano, Cochabamba ha sido un centro histórico de la producción agraria y en eso hay una costumbre clara que se llama la ¨Saqhra hora¨, que es compartir comida en un momento determinado de la jornada. En Cochabamba, con los procesos de urbanización de 1952, el contacto entre la ciudad y el campo, que nunca ha sido muy disperso, a la comida urbana se le ha aplicado el sentido de la comida agraria; teniendo como resultado los platos tradicionales de la región, los cuales son abundantes porque se los concibe como una forma de comunicarse a partir de la comida.

Entonces, para ir aterrizando un poco más en el tema de investigación, ¨Las Islas¨ es un fenómeno relativamente nuevo en la ciudad, su tradición no abarca más de 20 años. En mis épocas, el equivalente a esto era una cosa fundamental que había debajo del puente de Cala Cala; era un centro de reunión donde una señora en especial se inventó un bocadillo, ahí era donde todos terminábamos después de las chupas. Ese bocadillo consiste en una versión del Silpancho, el cual es uno de los platos más pobres de Cochabamba; viene del ¨Sillpa¨ (delgado), pero ancho.  A partir de éste plato, uno se hace la idea de que está comiendo harto, pero en realidad lo único que come es papa y arroz; entonces, es el plato de los pobres. Con las diversas crisis económicas que se dan a partir del modelo neoliberal, a alguien se le ocurrió hacer una versión pobre del plato pobre, poniendo al Silpancho en pan; es ahí como comienzan ¨Las Tierritas¨ y es el origen del Trancapecho. Se llamaban, justamente tierritas, porqué estaban en medio de la tierra debajo del puente. Esto ha tenido tanto impacto que se ha convertido en una comida alternativa por la cuestión económica; después se ha diversificado con la influencia de la comida rápida del exterior, como las hamburguesas y los hot dogs. Así han crecido, como hongos; el comercio informal de la comida, que para ese punto ya se llamaban ¨Las Islas¨,  han generado tanto impacto económico que la alcaldía lo ha visto como un problema social. Entonces éste lugar, en primera instancia, es un fenómeno económico; en segundo lugar, recién viene un fenómeno de tipo cultural, porque las islas cumplen la función de brindar una comida alternativa que en realidad es la representación, en pequeño, de las cosas que nosotros comemos cotidianamente en nuestra cultura. Igualmente, está otro componente que también es cultural; no se sabe si es cierto o no, pero hay creencias de que esas comidas te recuperan, entonces, generalmente todos los fines de semanas terminan ahí. Como te digo, si bien no se sabe si es cierto o no, ya se lo ha asumido como una creencia o como un saber: “Vamos a curar la borrachera comiendo ahí”, pero lo que pasa es que el elemento más importante para analizar el fenómeno; encima de la comida y de la cura a la borrachera, es la utilización de ese espacio público para relacionarse. Entonces, ahí se rebasa el carácter de ir no solo a comer, sino que se da toda una articulación de establecer una vinculación social a partir del acto de ir a comer, al igual que todo en Cochabamba.

P:  ¿Cuál podría ser la carga imaginaria que tiene “Las Islas” en la mente del cochabambino?


R: La carga fundamental va más allá de lo gastronómico; es un centro de reunión y de control social, el cual cumple la misma función que una discoteca o un pub, con la diferencia de que Las Islas abarca un espacio público que está articulado a una capacidad de aglutinar distintos sectores sociales y culturales, cosa que no hace una discoteca. En segundo lugar, está el escenario de comer, lo cual se constituye en aprovechar la ocasión para consumir ¨una bola de grasa¨ barata y rica, entonces has ganado un plus, pero no es el elemento central. En tercer lugar, está el sentido lúdico del juego y la continuada, a tal punto que antes la presencia de gente era mucho más frecuente por el alcohol; esto llegó al punto de convertirse en un problema social y racial muy grande porque los vecinos las querían botar a las doñas que tenían sus puestos ahí, pero no decían nada de las licorerías que eran las que proveían las bebidas. Entonces, el conflicto social se articula alrededor de luchas simbólicas y de poderes que finalmente han terminado en la relocalización de las islas. Si bien no he ido al lugar, me han comentado que ahora va menos gente a pesar de que está más ordenado y mejor establecido; eso justamente te dice que el espacio público tiene un papel preponderante. Como te digo, el enfoque fundamental está en que las islas es un fenómeno cultural que rebasa a la gastronomía cochabambina. 



Fuente: Planos Americanos.



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